Cómo diseñar mejores experiencias digitales
Una buena experiencia digital comienza entendiendo a las personas que usan el producto, no las pantallas que queremos construir.
Diseñar no es decorar. Es tomar decisiones que ayudan a alguien a lograr lo que vino a hacer, con el menor esfuerzo posible. Cuando esas decisiones están bien tomadas, casi nadie las nota; cuando fallan, todos las sufren.
En este artículo repasamos los principios que usamos en cada proyecto y cómo aplicarlos desde el primer boceto. Si quieres ver cómo trabajamos, visita nuestra página de proceso.
Empezar por las personas
Antes de abrir una herramienta de diseño conviene responder tres preguntas sencillas sobre quién va a usar el producto:
- Qué intenta conseguir cuando llega.
- Qué le impide conseguirlo hoy.
- Cómo sabrá que lo consiguió.
Escuchar antes de proponer
Una conversación de veinte minutos con un usuario real suele revelar más que una semana de suposiciones. Anota sus palabras exactas: son el mejor material para títulos, botones y mensajes.
El buen diseño es tan poco diseño como sea posible.
Simplificar cada paso
Una vez claro el objetivo, el trabajo consiste en quitar todo lo que no ayuda a alcanzarlo:
- Reducir las opciones visibles a las que realmente se usan.
- Escribir textos cortos y concretos.
- Probar con personas reales y ajustar.
Repetir este ciclo con constancia es lo que convierte un producto correcto en uno que la gente disfruta usar.