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Preparación

Cómo preparar un té verde que no amargue

Temperatura, cantidad y tiempo: tres ajustes sencillos que cambian por completo una taza de té verde.

Taza de té verde junto a una tetera pequeña

El té verde tiene fama de amargo, pero casi siempre la culpa es de la preparación. Agua demasiado caliente, demasiadas hojas o unos minutos de más bastan para tapar su dulzor. En Bruma lo preparamos a diario y estos son los ajustes que más cambian la taza.

Si quieres saber cómo elegimos los tés que servimos, lo contamos en Sobre Bruma.

El agua, antes que nada

El té verde no quiere agua hirviendo. Conviene dejarla reposar unos minutos después de que rompa el hervor, hasta que deje de humear con fuerza. Tres señales ayudan a no pasarse:

  • Las burbujas ya no suben a la superficie.
  • El vapor sale suave, sin nubes densas.
  • Pasaron unos minutos desde que apagaste el fuego.

Si el agua de tu casa es dura

El agua con mucha cal apaga los aromas y deja una capa opaca en la taza. Un filtro sencillo o agua de baja mineralización hacen una diferencia que se nota desde el primer sorbo.

La prisa es el ingrediente que más se nota en una taza.

Hojas de té verde abiertas en una tetera pequeña
Las hojas enteras se abren despacio y cuentan cuándo el té está listo.

Cantidad y tiempo

Con el agua a punto, quedan dos decisiones sencillas:

  1. Usa una cucharadita de hojas por taza y ajusta después según tu gusto.
  2. Empieza con infusiones cortas y prueba antes de dejar más tiempo.
  3. Retira las hojas en cuanto el sabor te guste, para que no siga extrayendo.

Muchos tés verdes aceptan una segunda y una tercera infusión. Guarda las hojas húmedas en la tetera y vuelve a probar: a veces la mejor taza es la siguiente. En las notas del blog encontrarás más guías.